Cómo
incide la inteligencia emocional en los procesos de las relaciones
interpersonales
¿Por
qué en las distintas actividades que se realizan a diario, ya sea de índole
personal, social o laboral, es frecuente encontrar diferentes maneras de
reaccionar ante una misma situación interpersonal?, ¿por qué a la hora de
entablar relaciones interpersonales hay quien puede manejar mejor los
intercambios comunicativos?, ¿por qué a veces las emociones sabotean la manera
de actuar? Y en definitiva ¿cómo incide la inteligencia emocional en los
procesos de las relaciones interpersonales? Estas preguntas son la médula del
presente ensayo que tiene por objetivo abordar reflexivamente el tema de la
inteligencia emocional y su repercusión en las distintas relaciones que establecemos
en la vida y, en particular, las distintas formas de asimilación de ella a
través de la educación.
La concepción de la
cual se parte en esta reflexión es que las diferencias que se presentan en la forma de actuar ante una misma
situación son el producto de la forma en que las personas aprenden o no a equilibrar sus pensamientos y
emociones los cuales les permiten
enfrentar las diversas circunstancias del día a día. En este sentido, se debe reconocer a las personas
como seres cognoscentes, sociales, biológicos y emotivos, y en función de esta
naturaleza integral abordar todo proceso de comprensión sobre el ser humano, porque inevitablemente, cuando actuamos o
pensamos, de una u otra manera las
emociones, tienen peso y determinan la
manera de afrontar la realidad. Dicho
con otras palabras, como individuo
se está compuesto por procesos psicofisiológicos tanto cognitivos como
afectivos con los cuales se acude a todo proceso de comunicación e interacción en
los distintos ámbitos de la vida y en el caso especifico que nos compete que es
el proceso de enseñanza-aprendizaje en toda forma de educación.
El tema sobre las emociones tuvo
peso y tomó forma a partir de la segunda
mitad del siglo XX cuando se empezó a dar importancia a los
procesos de la capacidad emocional a través de las investigaciones realizadas
por McClelland, Weisinger, John Mayer, Peter Salovey y Goleman entre otros (citados
por Goleman, 2004). Uno de los
investigadores que popularizó la inteligencia emocional fue Daniel Goleman, quien
plantea que ser inteligente en lo que se refiere a lo emotivo es “aprender a reconocer,
canalizar y dominar sus propios sentimientos y empatizar y manejar los
sentimientos que aparecen en sus relaciones con los demás” (2004, p. 122).
Para Goleman (2004) los
elementos que caracterizan la inteligencia emocional son las potencialidades
que se tienen para experimentar la automotivación, enfrentar adecuadamente los
momentos contraproducentes que se puedan experimentar, dominar los impulsos; no
verse afectado si las recompensas o momentos de satisfacción no llegan o tardan
en realizarse. También se conforma por el manejo de los estados de ánimo para
evitar que la ansiedad y la perturbación se interpongan en el uso de las
habilidades racionales y en la interacción con las personas que conforman el
entorno social. Lo que lleva a pensar que una persona puede desenvolverse
adecuadamente si es consciente de sus emociones y aprende de sus errores puesto
que esto le permite desempeñarse correctamente en las situaciones de la vida
diaria ya que tiene claros sus objetivos personales y sus metas profesionales.
El ser humano es un ser
social por naturaleza por lo que necesita el contacto con los demás, siendo una
de sus necesidades básicas el sentirse aceptado y saberse valioso, aunque sea
por un instante, debido a que lo ayudará a sentirse fortalecido, sin importar
lo que suceda. El contacto consigo mismo
le ayuda a aceptarse como la persona valiosa y perfecta que es en su interior; el conectarse con los demás le permite ver
tanto su luz como la del otro y le ayuda a tener una relación más honesta y
profunda; y por último, el conectarse con la vida a través de la
meditación, la risa, la naturaleza, la música,
el arte, el dolor, el amor, etc. le permite amplificar la manera
de gozar y disfrutar el encanto por la vida,
lo cual le sirve para establecer mejores relaciones interpersonales (Vargas,
2011).
Es innegable que la
mayoría de los problemas en las relaciones interpersonales son causados por la
incapacidad del hombre de expresar de forma autorregulada la alegría,
la tristeza, el dolor, la ira y el miedo que derivan en otras
emociones inventadas por la mente tales como la ansiedad, la depresión,
el rencor y el apego (Riso, 2003).
Ahora bien, las relaciones interpersonales mejoran cuando las personas
aprenden a amarse a sí mismas, amándose
con todo lo que son y aceptando todo aquello que se puede cambiar (Hay, 2007);
con esto se hace referencia a la aceptación de sí mismo y la capacidad de conocer las propias
fortalezas y las debilidades para crear vínculos funcionales y para manejar
conflictos. Una vez que se tiene el autoconocimiento se está en la posibilidad
de comprender a los otros, de mantener intercambios eficaces puesto que se
posee no sólo respeto, empatía y asertividad, sino la capacidad para negociar
con las emociones de los demás.
El respeto hacia uno
mismo es un aspecto muy relevante para la inteligencia emocional, puesto que es
la única relación que no se puede eludir, cualquier juicio que sea emitido
hacia uno mismo afecta la existencia
individual, la manera en la que se
relaciona consigo mismo afecta el modo en que se relaciona con su entorno, de tal manera que al respetarse a sí mismo logrará reconocer su autonomía y por ende la
de los demás (Branden, 2006).
Las
personas que controlan sus emociones de manera efectiva, suelen sentirse
satisfechas consigo mismas y son capaces de dominar los pensamientos mentales
que determinan la productividad, dejando de lado las situaciones innecesarias
en la vida que afectan las relaciones interpersonales y que no les permiten
alcanzar la felicidad. De esta manera
las personas que rigen sus pensamientos son más satisfechas consigo mismas y
pueden tener mejores relaciones interpersonales (Saz, 2004).
La comunicación y el
lenguaje son elementos interconectados con las relaciones entre personas y el
manejo de las emociones en tanto que se necesita de ellos para construir la
individualidad, manifestar los anhelos, expresar las emociones y sentimientos
de manera clara; son en pocas palabras, imprescindibles para la comprensión de
sí mismo y de los otros. Las personas
que se saben comunicar desarrollan procesos internos que involucran codificar, decodificar,
organizar y evaluar no solo la información, sino además comportamientos y
emociones. Hay que recordar que el proceso comunicativo
se ve mediado por las concepciones que cada individuo tiene con respecto a lo
que siente sobre sí mismo, de los demás y de la situación en la que se
encuentra (Satir, 2002).
La comunicación que quiera ser llamada eficaz
debe entrañar un acto volitivo de escucha activa, de superación de prejuicios,
de respeto hacia los demás y de negociación de las emociones. Tal comunicación involucra ser sensibles a
las necesidades del otro, a sus opiniones, a sus omisiones; saber que el medio
a seguir es el consenso y el objetivo es la comprensión para ampliar la
capacidad de establecer relaciones más significativas y satisfactorias tanto en
el terreno personal como en el profesional.
Es inapelable
la necesidad que tiene el individuo de adquirir una educación completa, que le
permita incrementar sus habilidades creativas, intelectuales, sociales,
laborales y culturales, que le ayuden a
actuar de manera positiva ante la sociedad, lo cual está establecido en la Ley
General de Educación.
La Ley General de Educación detalla la importancia
de brindar una educación obligatoria a todos los mexicanos, con la que todo
individuo pueda desarrollar sus aptitudes y habilidades de manera integral, en la que ofrece contribuir a la
superación personal de los ciudadanos y a su vez a la transformación de la
sociedad mexicana.
Así mismo los planes, programas y proyectos que se describen en la ley de
educación determinan la manera en que el
individuo logrará formarse en los diferentes ámbitos de la vida, entre
los cuales refiere el desarrollo del área intelectual, social, laboral y
cultural, que le ayudan a actuar como ciudadano recto y responsable, asegurando
de esta manera, alcanzar mejores relaciones interpersonales y mantenerse en
armonía dentro del medio en el que se desenvuelve.
En el Artículo 2° de la Ley General de Educación
(2009) se establece con precisión que “La educación es medio fundamental para
adquirir, transmitir y acrecentar la cultura; es un proceso permanente que
contribuye al desarrollo del individuo y a la transformación de la sociedad, y
es factor determinante para la adquisición de conocimientos y para formar a
hombres y mujeres, de manera que tengan sentido de solidaridad social”, lo cual
es de primordial importancia puesto que si el individuo logra desarrollar sus
habilidades y talentos y se permite utilizarlos de manera adecuada le
permitirán vivir de una manera más constructiva para él y para la sociedad que
lo circunda, utilizando todos los medios que están a su alcance.
En la Fracción I del Artículo 7° de la Ley General
de Educación (2009), indica lo
sustancial de “contribuir en el desarrollo integral del individuo” lo cual es relevante para que la persona
logre desarrollar todo su potencial humano, que le permita ejercer
responsablemente todas sus capacidades. Así
también, en la Fracción II, del Artículo 7° (2009) refiere la necesidad
de fortalecer las habilidades de observación y análisis que le favorece al
individuo para convertirse en un ser constructor de reflexiones críticas, que
le ayudaran para mantener mejores relaciones interpersonales puesto que amplían
su inteligencia emocional al mantener una relación entre sus pensamientos y
emociones.
Con la
finalidad de buscar solución o al menos disminuir esta problemática, se han
buscado alternativas en las cuales se pueda trabajar de manera constante para
ver un cambio en nuestro país, de donde se pueden tomar las siguientes
aportaciones:
El Programa Sectorial de la Educación a través de trabajo
constante de muchos mexicanos que ávidos de alcanzar el progreso de México, han
trabajado en diversos proyectos tales como Visión México 2030, el Plan Nacional
de Desarrollo, y compendios de análisis
y diagnósticos realizados por diferentes
personalidades con la finalidad de
construir un México más
competitivo y trascendente, así como el Desarrollo Humano Sustentable y
una nación en la que todos vivamos mejor.
En este Programa Sectorial de la Educación se
confirma el papel que la educación tiene para el progreso de los mexicanos, en
donde todos y cada uno de los ciudadanos juegan un papel fundamental para
lograr los fines anhelados. En el
mensaje de la Lic. Josefina Vázquez Mota (2007) se destaca que las
instituciones educativas no son las únicas responsables de transmitir la
educación a la ciudadanía, sino también los padres de familia que deben ser
impulsores de una mejor educación en el país, retomando su obligación de
inculcar, motivar, estimular y transmitir
el interés por una mejora continua de la sociedad. Y si por deducción se entiende que los padres
de familia tienen otros roles como el profesional o el laboral, en estos
sectores se puede capacitar a las personas para que se transmita una educación
integral y por ende se les oriente en la correcta gestión de las emociones.
En
una entrevista realizada a la Arq. María Luisa Fernández Yparra (2012),
especialista en el tema, menciona que si los mexicanos recibiéramos una
educación emocional de calidad desde la formación escolar, México sería un gran
país, con mucha menos corrupción, con personas seguras y felices, dispuestas a
luchar por la excelencia y el bien común, seguros de que eso es lo que
realmente merecemos todos, brillar intensa y plenamente.
La responsabilidad colectiva de colaborar
en el cumplimiento de las metas de los alumnos
y trabajar en los grandes objetivos de la educación nacional, son parte
esencial del decreto plasmado en el
Artículo Tercero Constitucional en el que se establece como obligación del
estado promover la educación que impulse
la formación del individuo, en la que
debería sobresalir la formación integral del individuo que le
permita desarrollar una inteligencia emocional que le ayude a enfrentar de
manera adecuada las situaciones cotidianas.
Dentro de los principales retos del Programa Sectorial se encuentra el
formar a ciudadanos como personas, como seres humanos conscientes, libres y
responsables, con identidad, razón y dignidad, con derechos y deberes,
creadores de valores e ideales, lo cual implica fomentar la capacidad para sus
relaciones interpersonales que generen mejores actitudes para la formación de
ciudadanos rectos y responsables que piensen tanto en el bienestar propio, como
en el de los demás.
Así
mismo se menciona que el individuo en la escuela debe encontrar las condiciones
adecuadas para desarrollar su mente, aprender a convivir y relacionarse con los
demás, para lo cual es importante la dinámica que se juega en las escuelas en
donde el maestro motive no sólo el área intelectual de la persona, sino también
trabajar en el fortalecimiento de habilidades del pensamiento que conduzcan al
alumno a conocer y controlar sus
emociones en forma eficaz.
En el
Objetivo 4 del Programa Sectorial de Educación habla acerca de una educación
que promueva el desarrollo digno de la persona, en donde pueda desenvolver sus
potencialidades, conocer y defender sus derechos, así como cumplir con sus
responsabilidades, donde las personas puedan adquirir buenas relaciones
interpersonales que les permitan vivir en armonía con los demás.
En el Objetivo No. 5 del Programa Sectorial de
Educación se menciona la creación de un programa de educación para la vida en los
que se han implementado muchos programas de orientación familiar y educación
para padres que persiguen la meta pocas veces alcanzable de concientizar sobre
la necesidad de alcanzar y promover el bienestar general de la sociedad. Se considera que el aprendizaje no se
construye sólo, se necesita de otros para
aprender (Hernández, 1998) por lo que la educación involucra a maestros,
padres, entorno social (amigos, comunidad, nación, etc.) y en este sentido las
empresas para apoyar al sector educativo pueden optar por crear programas que
fomenten el manejo de las emociones a través de ambientes vivenciales que más
que teoría propicien solución de problemas, trabajo colaborativo y experiencias
que surjan de la vida diaria.
Una de las propuestas que Fernández proporciona es
que “las personas empiezan a desarrollar su Inteligencia Emocional desde el
momento de la concepción por lo que es importante que todos estén preparados
desde la planeación de los hijos, y la forma en que piensan educarlos para
crear en ellos la habilidad para el manejo de sus sentimientos y emociones, a
través de la demostración de amor y afecto incondicional” (M. Fernández,
comunicación personal, 19 de noviembre del 2012).
Como
estrategias para desarrollar la inteligencia emocional se pueden implementar en
todas las instituciones programas que busquen alcanzar el bienestar del ser
humano, promoviendo el interés en las relaciones humanos donde exista el
bienestar y armonía propiciando la confianza entre compañeros que les permita
demostrar su propia esencia, sin miedos a rechazos o juicios de ningún tipo.
Otra
aportación que se puede realizar para el desarrollo de la Inteligencia
Emocional en los individuos es implementar un programa de formación para todos
los maestros, lideres o encargados de grupo que les permita darse cuenta del
valor que tiene su trabajo, al estar a cargo de “personas” que necesitan su
tiempo, apoyo y dedicación para sentirse aceptados tal cual son. La capacitación docente y encargados de todo tipo
de grupos de capacitación implica que la institución (dígase educativa o
corporativa) valore el significado del aprendizaje de las emociones y busque
que su personal pueda aprender y manejar esa información en las clases y en las
interacciones; en este sentido también conviene ser formados el personal
directivo y administrativo porque en la medida que estén capacitados comprenderán, respetarán y
estimularán desde sus puestos y
funciones, las diferencias individuales y las habilidades socioemocionales de
la gente que los rodea (Oviedo y Guzmán,2002).
La intervención de un
psicólogo sería una estrategia muy importante en los centros educativos y
corporativos. El psicólogo tendría la
facultad para trabajar con las personas que presentara inmadurez emocional. El trabajo individual y personal genera frutos
muy buenos en las personas (Garaigordobil, 2009).
Existe suficiente información que sustenta la
importancia de la inteligencia emocional por lo que el uso que de ella se haga depende
del compromiso social que la organización escolar o empresarial manifieste y realice
en su organización y su dirección. El
propósito de una clase de instrucción y
manejo emocional sería desarrollar
estrategias para trabajar con la afectividad, una clase-taller que ayude a los alumnos
a conocerse a sí mismos, a regular sus emociones, a convivir con otros, a
solucionar problemas y manejar el estrés.
Así mismo es importante
reforzar la inteligencia emocional en la persona sólidamente, puesto que la
vida del ser humano sufre constantemente cambios que le pueden afectar con
estrés o actitudes que interfieran en la manera de relacionarse con los demás.
Por lo que un aspecto importante es la transformación de la escuela en relación a la gestión del conocimiento. Bisquerra
(1998) esta educación tiene un perspectiva de ciclo vital, puesto que en
nuestra vida en cualquier momento podemos sufrir cambios emocionales que
requieran del apoyo de otros para solucionarlos.
Smeke (2006), menciona algunas propuestas para trabajar dentro del
aula:
·
Trabajar
en forma integral los problemas de los alumnos , sin distinción de la contrariedad.
·
Que
los maestros asuman la responsabilidad de crear un clima de confianza y apoyo
para sus compañeros, que refleje un compromiso social.
·
Constante
preparación con exposiciones que les permitan desarrollar su conciencia y
manejo de voluntad, lo cual puede darse a través de dinámicas que detallen los
diferentes estados de ánimo y cómo manejarlos.
·
Talleres
de lectura que les ayuden a sensibilizarse con las diferentes situaciones de
vida.
·
Experiencias
de la vida real, expuestas, a través de testimonios de vida en diferentes
épocas.
·
Trabajo en equipo.
La relevancia social de la Inteligencia
Emocional está ligada al cómo los seres humanos estamos integrados por procesos
psicofisiológicos tanto cognitivos como emocionales con los cuales acudimos a
todo proceso de comunicación e interacción en los distintos ámbitos de la
vida. En este sentido se debe reconocer
a las personas como seres cognoscentes, sociales, biológicos y emotivos, y en
función de esta naturaleza integral se debe afrontar todo procedimiento encaminado a la educación,
porque en definitiva cuando actuamos o pensamos, de una u otra manera, las
emociones tienen peso y determinan la manera de enfrentar la realidad.
Es sustancial forjar
personas que en todos los aspectos de su vida se desenvuelvan de una manera
calificada, es decir que sean competentes, que tengan la inteligencia emocional
y social para convivir en sociedad positivamente. Bajo esta línea el valor teórico
de la educación de las emociones es un
tema fundamental no sólo como asunto estudio para una investigación, sino
también como aprendizaje por adquirir debido a que faculta a los individuos
para conocerse a sí mismos, sus habilidades y sus áreas de oportunidad;
facilita el tener una perspectiva sobre cómo poder gestionar las distintas
situaciones con iniciativa a través del reconocimiento de las críticas y el
examen de los impulsos para no caer en la frustración o en la ansiedad.
En resumen, las emociones
causan un efecto directo en las relaciones interpersonales puesto que forman
parte del ser humano por lo que es sustancial forjar personas que en todos los
aspectos de su vida se desenvuelvan de una manera calificada, es decir que sean
competentes, que tengan una adecuada inteligencia emocional para convivir en
sociedad positivamente. La educación de
las emociones es un tema fundamental no sólo como tema de estudio, sino también
como aprendizaje por adquirir debido a que faculta a los individuos para conocerse
a sí mismos, sus habilidades y sus áreas de oportunidad; facilita el tener una
perspectiva sobre cómo poder gestionar las distintas situaciones con iniciativa
a través del reconocimiento de las críticas y el examen de los impulsos para no
caer en la frustración o en la ansiedad.
Es de vital importancia mantener
en toda relación interpersonal un clima de bienestar que asegure el respeto, el
compañerismo y la integridad de la persona a través de las actitudes básicas de
amor, aceptación y confianza en sí mismo, que le permitan vivir de manera
constructiva y aseguren una comunicación encaminada a la comprensión entre
personas. Pero esto sólo se logra cuando los individuos poseen la capacidad de
la autodeterminación y de la autorregulación de las emociones y de sus ideas.
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